Las tecnologías digitales destinadas a la comunicación e información, tienen como
principal característica su constante propensión al cambio y la innovación. No se
trata, sin embargo, de transformaciones que deban analizarse sólo en el escenario
tecnológico, ya que aún perdura la inequidad en el acceso a la educación, la
información y los bienes culturales. Como se sabe, mientras algunos no lo
experimentan, para otros la incorporación de las Tecnologías de Información y
Comunicación (TIC) al trabajo, el estudio, las relaciones sociales y el ocio, han
propiciado nuevos estilos de vida debido a que modifican sus prácticas cotidianas
a tal grado que muchos individuos ya no pueden imaginarse su propia vida sin el
auxilio de la telefonía celular o el Internet. Estos y otros recursos digitales son los
que facilitan y modifican las formas de comunicarse, entretenerse, acceder y
asimilar la información o producir conocimiento, fenómeno que es especialmente
notable entre los grupos juveniles debido a que forman parte de la cultura de su
tiempo y porque son también los usuarios más numerosos y recurrentes.
Las tecnologías influyen
en la forma en que la juventud piensa y se comporta creando un camino de dos
vías: de un lado las tecnologías dejan una impronta profunda en sus prácticas
cotidianas; del otro, su comportamiento, condiciones de uso, percepción y
atribuciones sobre esas innovaciones, permiten a los jóvenes generar una
influencia sobre ellas, moldeándolas.
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